viernes, noviembre 24, 2006

Crónica de un viaje a Donosti, primera noche

¡Infeliz de mi! Aún recuerdo el día en que mi tato me dijo que pensaba ir con Buba a Donosti y yo le propuse venir conmigo en la próxima quedada parisina con motivo del cumpleaños de Lorea, y es que, hasta que no estuve en el coche con semejantes dos piezas no fui consciente de lo que estaba haciendo. Y es que dopaje anti-miope, bostezos-suspiros de Buba, sus risas repentinas y sobre todo, sus temas de conversación en general y muuuchos comentarios en particular hicieron que el viaje de apenas 2 horas hiciera pensarme si no debía haber ido en bus, y para muestra, la foto de estos dos individuos. Yo viéndola, aún me asusto más... Antes de entrar a Donosti, paramos a "saludar" a Martín Berasategui y el resto de excompañeros de Buba, ¿Por qué digo "saludar" entre comillas" Sencillo. Mientras Buba entraba y saludaba (y seguro que algo picó...) los hermanos Loyola nos quedamos esperando junto a los cubos de basura, si ej que...

Finalmente llegamos a Donosti, Lorea nos guió tele´fonicamente hasta su casa, aparcamos y descargamos. ¡Pedazo de casa que tiene la peque! Como los arroz con pollo llegaban tarde, empezamos a cenar, cena que estaban preparando Marta y Amaya mientras el resto aparcábamos. A petición del Punti, he de recordar la pizza quemada, sólo una de las dos, que finalmente tuvimos que tirar. A Jesús y Buba casi les da algo, pues aún quemada, al volver a casa, no dudo que entre los dos se la hubieran trapiñado. Total, que la otra se salvó pero tuvimos que pedir otra para poder cenar... Por suerte, a mi me prepararon una ensaladita (mmmm) que me aliñé yo (no qrían corer más riesgos).

Tras la cenita, empezamos con las copitas, nada, para hacer tiempo hasta que llegasen los madrileños... Y, al final, para evitar líos de aparcar y eso (je, je) les dijimos que vinieran en taxi, y ya está. No preparamos con relativa rapidez, y salimos de marcheta. Una copa por aquí, una cerveza por allá, y acabamos en el Boulevar (o como se escriba), junto a la playita. Allá a las 5 y pico (Raquel sabe exactamente qué hora es esa) Marta y yo, reventadas tras aproximadamente 24 horas en pie, nos fuios a casita, y dejamos al resto baila que te baila, bebe que te bebe. Yo caí rendida enseguida, pero Marta aún tuvo ganas de irse al salón a ver la tele y esperar al resto para la recena, y es que hay cosas que nunca cambian...

(To be continued...)

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