miércoles, julio 04, 2007

Se nos casó Silvia...

Cómo pasa el tiempo... Y no es que me sienta particularmente mayor, que con las locuras que hago cada vez estoy más niña, si no que, en menos de un mes, se han casado dos amigas. La primera gran boda, la de Emma y Ñako, que ya conté con toda clase de detalles y la segunda, la de Silvia y Maxi, es la que relato a continuación.
¿Menos de un mes?, os preguntaréis, ¿y hasta ahora no has contado nada? Pues así es, y es que estoy pendiente de escanear una foto con los novios, pero la vergüenza empezaba a alcanzar un tamaño considerable y he preferido optar por escribir estas líneas y pasar a añadir la citada foto más adelante, y es que mis escasos pero asíduos lectores ya empezaban a quejarse sobre mi falta de noticias, seguros de que la escasa actualización de mi blog no se debía precisamente a la ausencia de ellas.
Finalmente Silvia se nos casó, y Raquel y yo tuvimos el honor de poder acompañarle en este día tan especial. Parece que fue ayer cuando aún estábamos en clase, y es que a pesar de que ya hacía tiempo que no nos veíamos, hay amistades en tu vida que haces y nunca se olvidan. Como muchas veces me recuerda mi madre, hay amigos que puede que haga mucho tiempo que no ves, pero en el momento de reencontrarlos apenas parece que el tiempo haya pasada, y Silvia, Raquel y el resto de la panda, son algunos de ellos.
La ceremonia tuvo lugar en el Gallur natal de Silvia. R
aquel y yo nos reencontramos no sólo con la novia, sino también con su prima Amaya, con quien también guardo muchos recuerdos. Puedes imaginarte que una amiga tuya se casa, pero hasta que no la ves toda guapa de blanco y desfilando hacia el altar, no sientes ese consquilleo de emoción que te hace compartir al máximo la alegría del momento. Y no sólo de emoción se vive. tuvimos la suerte de sentarnos en la mesa con los compañeros del trabajo de Silvia, una panda increíble con los que pasamos un rato estupendo durante la comida, que tuvo lugar en el Castillo de Bonavia, una preciosa recreación de un castillo medieval del que, cual paparazzi frustado, tomé gran cantidad de fotos.
Como toda novia en su gran día, Silvia estuvo muy atareada, atendiendo a diestro y siniestro a todos sus invitados y gran cantidad de detalles pero, aún así, pudo dedicarnos un par de ratitos, en los que fuimos partícipes de su alegría y cansancio. Ahora ya, casada y feliz, seguimos en busca y captura de una fecha en la que todas podamos quedar para tomar un café y ponernos al día de nuestras respetivas vidas, ya sea de soltera o de casada.

Bueno, parece mentira pero por fin he escaneado la foto oficial de la boda, donde salimos Raquel y yo con los novios, ya matrimonio (qué bien suena). Debo dar las gracias a mi mami-la Charo, sin cuya colaboración esta foto seguiría a la espera de ser colgada, ¡un brindis en su honor!


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